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La Revista Agraria Nº 9 - Lima-Perú, noviembre 1999

Coyuntura:

 

Y esta campaña... ¿tiene futuro?

Papa.jpg (31131 bytes)¿Qué pueden esperar los paperos de Puno en plenas siembras grandes, si los precios de su producto en las ciudades no superan los 40 céntimos el kilo?
Y los arroceros de Lambayeque o Pacasmayo, a punto de iniciar la campaña,
¿qué harán con el cereal almacenado que aún no encuentra salida?
Son algunos de los dilemas que grafican cómo viene y hacia dónde va la presente campaña agrícola.


La recesión con sus secuelas: bajos precios y sus padecimientos para conseguir créditos nunca puede ser un buen telón de fondo para una campaña agrícola que se encuentra actualmente en los meses cruciales (Ver recuadro). Sin embargo, los agricultores peruanos no tienen otra opción que seguir apostando a lo que saben hacer. Como no la tuvieron en 1997-98 cuando El Niño rompió todas las previsiones y, junto con el agua, trajo pérdidas y deudas de las que hasta ahora no se recuperan. O como el año pasado, cuando la crisis ya golpeaba muy fuerte y al gobierno se le ocurrió estimular las mayores siembras de los últimos tiempos en algunos productos como arroz y papa, con los efectos desastrosos en los precios que todos conocemos.

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Así pues, la presente es la tercera campaña consecutiva llena de problemas, incertidumbre y riesgos. Veamos cómo se presenta.

Clima irregular, aunque no para alarmarse

El clima siempre ha sido clave y hasta decisivo para el éxito de las campañas, pero en esta ocasión su incidencia, aunque sigue siendo importante, se ha hecho relativamente menor. A nivel de las regiones, la costa norte se encuentra sometida a una temporada fría que se ha prolongado por efectos del fenómeno "La Niña", descendiendo las temperaturas unos dos grados por debajo de los promedios históricos. Esto ha llevado a la postergación del inicio de la campaña de los cultivos principales y a un atraso relativo en las siembras. Aunque las temperaturas tienden a normalizarse en las próximas semanas, permanece la inquietud sobre la disponibilidad de agua suficiente para los meses siguientes de la campaña.
En el sur desde el mes pasado se intensificaron unas lluvias tempranas, bastante por encima de los promedios propios de la estación, lo que estimuló siembras normales y hasta cierto punto adelantadas con respecto a pasadas campañas. Sin embargo, en las últimas semanas se han interrumpido las precipitaciones, se alternan con veranillos y hasta algunas heladas en las partes altas, que ponen una cierta nota preocupante, aunque nada grave. En cambio, en las partes bajas interandinas y en las zonas de selva alta se ha experimentado recientemente una ola extraordinaria de calor y la ausencia de lluvias ya provoca en algunos el temor a la sequía. Un panorama similar se registra en la sierra central, con presencia de algunas heladas durante los primeros días de noviembre, que han afectado sobre todo al cultivo del maíz, y un retraso considerable de lluvias en las partes altas.

Siembras: como si todo fuese normal

Según las cifras globales del MINAG, las siembras avanzan normalmente y hasta setiembre habían crecido en 3.2%, esto es casi 9,500 hectáreas por encima de la superficie instalada en la campaña anterior. Sin embargo, a nivel de cultivos y regiones destaca el atraso de arroz y algodón en la costa; a la inversa de lo que vienen mostrando los cultivos andinos, el maíz amiláceo y la papa en la sierra, principalmente en el sur. Igualmente es importante el incremento en superficie instalada de los grandes departamentos amazónicos, debido a las mayores siembras realizadas en maíz amarillo duro.
Un hecho notable de la campaña es el desbalance regional que se viene registrando. En conjunto los departamentos del norte han acumulado casi 20 mil hectáreas menos de siembras (el atraso más fuerte es el de Piura). En el gran sur, por el contrario, el área sembrada se ha incrementado también en cerca de 20 mil hectáreas, con Puno a la cabeza, después de muchas campañas.

graf9-1.gif (8078 bytes)Papa: los que están bien, están mal

A lo largo del año hasta el clima ha puesto su granito de arena para empujar a la producción por encima de lo que el mercado en recesión y la población con ingresos mermados puede demandar. La ola de frío que en estos meses se ha prolongado en la faja costera del país, elevó los rendimientos y la producción del tubérculo en los valles de la costa central (Nazca, Ica, Cañete y Barranca) en competencia con la alta producción registrada en las principales zonas productoras de la sierra central (Valle del Mantaro, Pasco y Huánuco).
Por ello el precio en chacra empezó a bajar por debajo de los 0.30 soles a partir de los meses de marzo y abril, en que las cosechas de la sierra llegan a sus puntos altos. Sin embargo, por los distintos calendarios agrícolas, la mayor oferta combinada de costa y sierra se ha dado hacia mediados de año, llegando a reducirse los precios en chacra por debajo de los 0.20 soles por kilogramo. Con estas señales, es previsible que en la presente campaña haya finalmente una reducción de áreas sembradas en la región central.

graf9-2.gif (7196 bytes)Arroz: el mercado no perdona

El arroz sigue siendo otro punto crítico en la campaña. Al tiempo que en el norte se ha iniciado la instalación de almácigos, el panorama no es muy alentador. Resulta duro para los agricultores asumir decisiones de siembra sabiendo que permanece un stock importante de la pasada campaña que no encuentra salida en el mercado
A lo que hay que agregar la presión permanente de las importaciones del grano. Si bien las compras en el exterior se han reducido y en los meses recientes en promedio se sitúan alrededor de las 10 mil toneladas mensuales (en febrero y marzo superaron las 20 mil toneladas, y en junio se acercaban a 16 mil), éste es un nivel todavía muy alto considerando los stocks acumulados y la estrechez del mercado. Aunque hay que decir que se observa claramente cómo se ha diferenciado ("segmentado"dicen los economistas) el mercado de consumo del arroz: el grano importado, con mejor presentación le cuesta al consumidor entre 2.5 y 3 soles el kilo, duplicando prácticamente al arroz nacional.
Un fenómeno adicional, que cada vez toma más cuerpo es el contrabando del cereal, al punto que SENASA, dispuso contar con un certificado fitosanitario para movilizar los cargamentos de arroz.

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