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La Revista Agraria Nº 59 - Lima-Perú, octubre 2004 Editorial: Quién y cómo se decide
Nuestra clase política no tiene una visión del Perú futuro. Ante esta carencia, las políticas específicas no tienen un marco de referencia común, por lo que suelen ser inconsistentes, maltrechas y cortoplacistas, lo cual es plenamente concordante con el hecho de que no haya carrera pública ni políticas de Estado. Cuando deben tomarse decisiones trascendentes y de suma complejidad, como son los diversos acuerdos comerciales -con Mercosur, los Estados Unidos, Tailandia o el país que fuera-, nuestros representantes oficiales tienen que improvisar. El riesgo es que los acuerdos finales terminen siendo impuestos por intereses particulares y de los gobiernos de los países más poderosos, y que los resultados de mediano y largo plazo puedan ser lesivos a amplios sectores de la población y a los intereses del país. Esta improvisación, que se alimenta de la falta de una visión estratégica, también se expresa en la manera en que se afrontan problemas graves y complejos, como la producción de coca y el narcotráfico. El segundo gran problema es que las decisiones son tomadas sin consultar a la población concernida, o, si esa consulta se da, es luego de una movilización o acto de fuerza que obliga al Estado a algún tipo de concertación, sin que ésta implique necesariamente que el Estado cumpla lo acordado. Los productores de algodón cerraron las carreteras, precisamente, porque el gobierno no cumple con el acuerdo, establecido formalmente, de pagarles un monto compensatorio de ocho soles por quintal. No es menos preocupante el comportamiento casi frívolo del Parlamento, distante de las grandes preocupaciones nacionales, ensimismado y casi -también- irrelevante. Con algunas excepciones, la mayoría de los congresistas parecen estar poco informados y poco interesados en temas como el agrario y el actual proceso de negociaciones comerciales internacionales, a pesar de que son ellos, finalmente, los que deben aprobar los TLC. En este contexto, no debe sorprendernos que las movilizaciones sociales sigan siendo los canales más efectivos para que vastos sectores de la población peruana hagan escuchar su voz, con la esperanza de ser atendidos.
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