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La Revista Agraria Nº 38 - Lima-Perú, agosto 2002 Editorial: Precios, sobreproducción y la necesidad de la planificación
Una de las razones de esta baja de precios es la sobre producción. Lo cual puede ocurrir por diferentes factores: la importación sin restricciones, la baja capacidad adquisitiva de la población y/o el aumento de la producción. Resolver el problema de la baja capacidad adquisitiva de la población es un proceso complejo y de largo plazo. En cambio, el proceso de regulación de las importaciones y de los volúmenes de la producción interna es más corto y sus efectos pueden ser más rápidos. Se puede hacer mediante un instrumento: la planificación. La planificación significa la elaboración y puesta en ejecución de un plan que busca la adecuación del comportamiento de los agentes económicos -agricultores, instituciones financieras y comercializadoras, plantas agroindustriales, etc.- hacia objetivos claramente definidos. El Estado tiene la responsabilidad de señalar las orientaciones, y lo ideal es que éstas se definan con la participación de dichos agentes. Una vez definidos los objetivos, hay que crear las condiciones para que puedan ser alcanzados. Tomemos el ejemplo del arroz. Los especialistas señalan que el arroz debería ser un cultivo fundamentalmente de selva alta, pues en la costa hace un uso excesivo de un recurso escaso, el agua. Además, produce la salinización de los suelos. El primer paso es hacer una zonificación de cultivos, atendiendo a las características climáticas, topográficas, calidad de suelos, disponibilidad del agua, etc. Buena parte de las áreas dedicadas al arroz en la costa deberían ser orientadas a otros cultivos. Para que esto ocurra, los agricultores deberían encontrar el estímulo para hacerlo y, además, contar con los insumos -semillas y otros-, créditos y capacitación y asistencia técnica necesarios. Todo esto supone la adaptación o la construcción de instituciones públicas y privadas, comerciales, crediticias, administrativas, etc. que haga posible la transformación deseada. Además, los agricultores deberían contar con la información suficiente y oportuna para decidir qué sembrar y así evitar la sobreproducción causada por la ignorancia de los avances de siembra en otros lugares. Estas condiciones también serían apropiadas en las nuevas áreas de arroz en la selva alta, a lo que habría que agregar la necesidad de mejorar y ampliar la red vial. Finalmente, debería introducirse regulaciones a las importaciones, utilizando agresivamente -cosa que no se hace actualmente- los resquicios que permiten los acuerdos internacionales suscritos por el país. Todo esto no puede hacerse sin una importante intervención planificada del Estado, un cambio de comportamiento de los productores y una acción concertada entre ambos. Actualmente no hay objetivos estratégicos que sustenten una planificación, sino reacciones de ambos a problemas de corto plazo. Algo se ha avanzado en la concertación entre productores y gobierno con el Consejo Nacional de Concertación Agraria, pero se corre el riesgo de que lo que predomine, según van las cosas, sea no el diálogo sino la confrontación en calles y carreteras. La necesidad de la planificación es tanto
mayor ante la constatación del fracaso de las políticas neoliberales y
la ausencia de políticas sectoriales. A diferencia del concepto de
planificación puesto en crisis con el descalabro de las economías
socialistas, la planificación actual requiere de acciones concertadas y,
aunque no puede olvidar el mercado, si debe administrarlo. Portada -
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