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La Revista Agraria Nº 38 - Lima-Perú, agosto 2002

 

Biodiversidad ¿Cómo aprovecharla?

El Perú figura entre los doce países "megadiversos" de la Tierra, lo que significa que formamos parte del grupo de naciones, casi todos ellos del hemisferio sur, que albergan el 70% de la biodiversidad mundial, es decir la mayor variedad de especies de flora, fauna y organismos, incluyendo los ambientes terrestres o acuáticos en los que habitan. ¿Cuánto conocemos sobre el potencial de esta riqueza? 

La biodiversidad se asocia, en primer lugar, con la selva. Y en efecto, con más de 70 millones de Has la amazonía ocupa más del 60% de nuestro territorio. En ella se ubican los bosques más diversos del mundo por cobijar gran número de especies de árboles, arbustos, aves, mariposas, mamíferos, peces, reptiles y otros recursos. Pero la megadiversidad del Perú está también compuesta por una enorme variedad de plantas, animales y organismos que viven y se desarrollan en las montañas y valles andinos, en la costa e, incluso, en las profundidades del mar.

Los diversos espacios, amazónicos, serranos y costeños son centro de origen de valiosos recursos genéticos: papa, camote, maíz, tomate, quinua, kiwicha, olluco, maca, yacón, mashua, yuca, pallar, frijoles, cacao, uña de gato, camu camu, papaya, palta, chirimoya, girasol, llamas, alpacas, entre muchos otros productos nativos de gran importancia para la alimentación y la salud.

Esta diversidad biológica se relaciona directamente con la capacidad que han adquirido las especies para adaptarse a las particulares condiciones ecológicas del ambiente del que forman parte. Aire, agua, clima, suelos, altitud, determinan las características de las distintas formas de vida, animal o vegetal, y, por supuesto, de las sociedades humanas. Por último, de lo que la actividad humana haga o deje de hacer con los recursos que la naturaleza provee depende que la biodiversidad se mantenga y se aproveche. La sobreexplotación de un recurso puede acabarlo definitivamente, así como la alteración del ambiente físico en que éste se desarrolla.

No resulta vano recordar que estos recursos son el sostén de gran parte, sino de todas, las actividades económicas, y principalmente de la agricultura, la ganadería y la pesca. 

Un balance necesario

Al suscribir el Convenio de Diversidad Biológica y la llamada Agenda 21 adoptados en la I Cumbre de la Tierra celebrada en Río de Janeiro en 1992, el Perú asumió el compromiso de promover el desarrollo sostenible, conservar la biodiversidad, y asegurar la distribución justa y equitativa de los beneficios generados por el uso de los recursos naturales. Lo que en concreto plantearon estos acuerdos fue desarrollar políticas para el desarrollo de los pueblos en armonía con la naturaleza.

Al cabo de diez años, se realiza en la ciudad de Johannesburgo, Sudáfrica, la II Cumbre de la Tierra y ahí se constata que los grandes objetivos de marchar hacia el desarrollo sostenible que se acordaron en la Cumbre de Río, no se cumplieron. En esta era de la globalización en la que se impone a los países pobres políticas de libre mercado que las naciones ricas no practican, la distancia entre pobres y ricos sigue creciendo y la crisis ecológica mundial empeora. El presidente de Sudáfrica al inaugurar la II Cumbre describió al mundo actual con una frase: "islas de riqueza en medio de un mar de pobreza" .

La frase bien puede trasladarse al Perú, porque aunque se constata que hoy hay mayor conciencia ambiental, que se han dictado leyes orientadas a la conservación de los recursos, e, incluso, se han desarrollado algunas iniciativas para su manejo sostenible, es evidente, que estamos lejos del desarrollo equitativo y armonioso con el medio ambiente. 
El modelo económico aplicado en estos años excluye del desarrollo a la mayoría de los peruanos, privilegia el crecimiento económico basado en actividades extractivas de materia prima para la exportación, principalmente minería, a las que se les dan todo tipo de incentivos, mientras el agro y la industria son relegados con el consiguiente incremento del desempleo, la reducción de nuestro mercado interno y mayor centralismo. En ese "mar de pobreza" ni las islas de riqueza son sostenibles, como tampoco es posible garantizar un buen aprovechamiento de nuestros recursos naturales.

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