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La Revista Agraria Nº 30 - Lima-Perú, noviembre 2001

Tecnología:

¿Más grandes irrigaciones?

Hace unas semanas el presidente Alejandro Toledo ofreció, en Chiclayo, avanzar en la construcción de la irrigación de Olmos. Hace pocos días, en Arequipa, ha ofrecido continuar con la irrigación de Majes - Sihuas. En ambos casos estas inversiones sumarían centenares de millones de dólares.
¿El Perú tiene hoy los recursos para hacerlo? ¿Son estas inversiones prioritarias?.

La mala situación económica y la inmensa carga fiananciera que significa la deuda externa indican que no hay recursos o que, de haberlos vía créditos internacionales, aumentaría esa carga a niveles que no estamos en la medida de soportar. Pero ¿estas obras son tan importantes como para asumir una nueva carga financiera?
La respuesta es, definitivamente, no. Con frecuencia las ofertas de grandes obras públicas, como son las irrigaciones, han tenido como propósito granjearse el apoyo de la supuesta población beneficiada y no han sido el resultado de estudios serios y de prioridades establecidas con transparencia, teniendo el desarrollo del país como principio orientador. A lo largo del siglo pasado se han ganado tantas tierras por irrigaciones en la costa como perdidas por la salinización de los suelos, ocasionadas en parte precisamente por obras mal concebidas, inacabadas o mal mantenidas, y por la deficiente gestión de las aguas de riego. Varios especialistas han opinado de manera reiterada que no deben continuarse con las grandes obras de irrigación, que deben terminarse las que ya hay (particularmente los canales de drenaje), que deben recuperarse la infraestructura dañada y que debe mejorar la gestión del agua, así como las técnicas de riego. Una investigación que el CEPES está realizando muestra que pequeñas inversiones dentro y fuera de los predios pueden tener mejores resultados sobre la producción agraria a costos mucho menores que las grandes inversiones.

Además, existen otras inversiones que son más necesarias, más útiles y menos costosas, como el apoyo a la investigación científica y técnica y la difusión de tecnologías. Es decir, invertir para utilizar mejor lo que ya tenemos es mucho más barato que invertir en ampliar la frontera agrícola. Hay muchísimo que hacer para elevar los rendimientos físicos por hectárea.

Un argumento recurrente de los políticos es que nuevas tierras crearán nuevos puestos de trabajo. Eso es cierto, pero es razonable argumentar que el costo de estos nuevos puestos de trabajo es mucho más alto que los nuevos puestos de trabajo creados con una agricultura más intensiva en las tierras que ya están bajo cultivo. Además, es probable que las tierras ganadas por las grandes irrigaciones serán vendidas a grandes inversionistas, como es el caso de Chavimochic, mientras que inversiones en investigación y extensión técnica tendrían efectos mucho más redistributivos, pues beneficiarían a la pequeña y mediana agricultura.

Tratándose de fondos públicos, las grandes irrigaciones definitivamente no son inversiones prioritarias.

 

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