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La Revista Agraria Nº 30 - Lima-Perú, noviembre 2001

Editorial:

La realidad exige cambiar

Los resultados de la última encuesta de hogares, realizada por el INEI, nos ofrece un dato no por esperado menos chocante: las familias están consumiendo 18% menos. Nos estamos volviendo cada vez más pobres. Además del drama humano que vive dos tercios de la población del Perú -y la proporción es aún mas alta en las áreas rurales- esta reducción de la capacidad de compra del mercado interno arrastra hacia abajo a todos los sectores productivos. 
Sin duda este empobrecimiento tiene una influencia en los bajos precios de los productos agrícolas: puesto que a las personas no les alcanzan los recursos para comprar todos los alimentos que necesitan, los precios de los productos agrícolas se mantienen bajos. Es claro que lo mejor que podría pasarle a la agricultura y a los agricultores es un incremento de los ingresos de la población, pues al alimentarse más y mejor los precios de los productos mejorarían.

Después de cuatro años de recesión y a cuatro meses de iniciado el gobierno del presidente Toledo, no hay signos de que la situación mejore. Las primeras medidas presentadas por el Ejecutivo y aprobadas por el Congreso en agosto pasado, fueron demasiado cautelosas como para tener efectos reactivadores de alguna significación. La ortodoxia liberal del ministro de Economía aparece cada vez más desfasada de la realidad. Los ministerios de la producción están faltos de iniciativa, y difícilmente podrían tenerla con el corsé puesto por quienes conducen la política económica. La manera como se ha procesado la discusión sobre la conveniencia o no de un banco agrario, que se analiza en esta edición, es clara expresión de esto. En cuanto al sector empresarial privado, como siempre, le falta estatura para ejercer liderazgo.

La situación es tanto más preocupante por cuanto la economía del mundo desarrollado está reduciendo sus tasas de crecimiento y algunos países están en una franca recesión. Poco o nada podemos esperar, pues, de estímulos provenientes de fuera. El gobierno está frente al ineludible desafío de adoptar políticas que sean al mismo tiempo más imaginativas y responsables. Algunos países desarrollados, Estados Unidos en primer lugar, han adoptado ya medidas expansivas para incrementar la demanda y así estimular la producción; los países Europeos seguirán seguramente también ese camino. Mientras eso ocurre, en el Perú, por el contrario, el gobierno se apresta a firmar un acuerdo con el FMI por el que, entre otras cosas, se obliga a mantener una política monetaria ajustada.

La realidad está exigiendo con urgencia un cambio de política económica. El gabinete ministerial cuenta con algunos ministros que, estimamos, tienen la capacidad de reorientar la dirección impuesta por el ministro de Economía, si actúan coordinadamente y con coraje. Es mejor que lo hagan ellos a tiempo ahora, antes de que se vean obligados a hacerlo por la presión de una población desencantada.

 

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