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La Revista Agraria Nº 29 - Lima-Perú, octubre 2001

Artículos:

El reto de las cadenas productivas

En el objetivo de intentar romper los cuellos de botella que le quitan rentabilidad a la pequeña producción, el Ministerio de Agricultura se ha propuesto vincular a los agricultores en cadenas productivas.
El primer requisito es la organización de los productores.


Los aspectos cruciales deben enfrentar los productores agrarios: capital para financiar la producción y el mercado donde colocarla en condiciones que permitan recuperar lo invertido y obtener ganancia. Lo primero, el financiamiento, es escaso y caro porque lo segundo, el mercado, es una incertidumbre. Y por ambas razones no se invierte en tecnología y asistencia técnica, bajan los rendimientos y no se logra organizar y planificar la producción.

¿Cómo salir de este círculo vicioso?

La formación de cadenas por líneas productivas para desarrollar la agricultura por contrato se presenta como una alternativa tanto de financiamiento como de comercialización. A través de ellas, se busca que los productores se asocien a un comprador de sus cosechas para convocar luego a otros agentes vinculados al rubro productivo.

La agricultura por contrato no es, por cierto, una propuesta nueva pues se usa ampliamente en muchos países y en el Perú la practican medianas y grandes empresas agrarias productoras de insumos para la agroindustria o de cultivos de exportación. También parceleros productores de arroz, algodón, maíz, hortalizas o menestras están vinculados a alguna forma de cadena con molinos, desmotadores o agroindustrias. Incluso productores andinos de cereales, tubérculos o fibras. Pero la mayoría de las veces los pequeños productores son "encadenados" individual e informalmente la mayoría de las veces por acopiadores y comerciantes que comprometen la entrega de las cosechas mediante la habilitación de insumos a los precios que ellos imponen.

Eliminar a los acopiadores e intermediarios que intervienen en la comercialización es uno de los objetivos de las cadenas productivas. Y el primer eslabón que debe ser forjado es la unión de productores en asociaciones empresariales para ofertar la venta futura e integral de sus cosechas. Con el acopio asociativo de las cosechas de 20 o 30 productores se pueden obtener mejores precios y, al mismo tiempo, aprovechar las ventajas de la economía de escala para reducir gastos en la cadena de servicios que deben ser contratados. Entre ellos, la compra en cantidad de los insumos, la asesoría técnica, el embalaje y el transporte. 

Confianza en los contratos 

A través de los contratos el comprador asegura un precio y puede proporcionar semillas, fertilizantes y asistencia técnica, o avalar a los productores ante una institución financiera y un proveedor de insumos. Los productores, por su parte, comprometen condiciones de cantidad, calidad, fecha y lugar de entrega de las cosechas. "Lo importante, dice un funcionario del Ministerio de Agricultura (MINAG), es que haya confianza en que los contratos serán cumplidos, lo que se logra cuando los distintos agentes se sientan previamente a negociar con transparencia las condiciones de la transacción y están dispuestos a compartir los éxitos y los riesgos del negocio".

Sin embargo, no son pocos los casos de pequeños agricultores, e incluso medianos, que ya han pasado por la frustrante experiencia de haber sido estafados por agroindustrias o exportadores que se llevaron su producción y no la pagaron.

En el actual proceso de constitución de cadenas productivas el MINAG viene cumpliendo el rol de facilitador y organizador a través de Mesas de Concertación por líneas y zonas de producción, donde la prioridad se pone en el fortalecimiento del eslabón más débil de la cadena: los pequeños productores. Pero ante la eventualidad de que se presenten conflictos por incumplimientos contractuales, se plantea la necesidad de que el Estado intervenga como instancia de asesoría, supervisión y arbitraje. 

Las cadenas de la campaña 2001/02

Para la campaña que ya está en marcha el Ministerio de Agricultura se habría propuesto poner en cadena la producción de unas 60 mil hectáreas de los cultivos más comerciales, principalmente algodón, maíz amarillo duro, arroz y menestras, sin que se excluya la formación de cadenas de otros productos, como café o papa, donde productores y compradores estén dispuestos a asociarse.

Como se ha señalado, el proceso comienza con la instalación de Mesas de Concertación por líneas y zonas de producción. Este proceso, iniciado bajo la gestión del Ing. Amat con la capacitación de funcionarios, dirigentes agrarios y empresarios, continúa y despierta expectativas. Pero como toda experiencia que comienza a andar, se tropieza con dificultades.

Para empezar, no es fácil pactar agronegocios en medio de una economía en recesión desde hace cerca de cuatro años. Los agricultores están descapitalizados y gran parte de las empresas consumidoras de insumos agropecuarios se encuentran con problemas de liquidez. Por ello una pieza clave de esta cadena son las instituciones financieras, reticentes a soltar el crédito sin que se les otorgue todas las garantías del caso : además de la hipoteca de predios y algún otro bien inmueble, la prenda agraria y la contratación de un seguro para cubrir riesgos.

El Ing. Luis Valladares, gerente de la Fundación para el Desarrollo del Algodonero (FUNDEAL) señala que las garantías exigidas por los bancos constituyen un problema, porque la hipoteca del predio representa un costo adicional para los productores, además de que muchos ya tienen sus propiedades gravadas, aún cuando les hayan refinanciado sus deudas.

FUNDEAL participa como proveedor de semillas y asistencia técnica en las mesas para constituir cadenas de algodón Tangüis en los valles de Ica y Lima, donde de las 50 mil hectáreas proyectadas, ya se sembraron cerca del 90%. La mayor parte de los agricultores han financiado sus siembras con recursos propios y en algunos valles con créditos de las Cajas Rurales. Para los agricultores organizados en cadena (alrededor de 4 mil Has) los recursos para financiar las siguientes fases de la producción aún no están garantizados.

El Ing. Valladares indica que el Ministerio de Agricultura anunció que financiaría entre el 10% al 20% del costo total requerido pero tal ofrecimiento aún no se concreta.

Los proveedores de insumos, por su parte, están dispuestos a intervenir pero plantean que se les cancele por adelantado cuando menos el 30% de la mercadería que entregan. Y es que las empresas importadoras de fertilizantes e insumos agropecuarios también tienen problemas de liquidez y para liberar la mercadería colocada en warrant ante los bancos, primero tienen que pagar el crédito que recibieron, según explicó el ejecutivo de una empresa distribuidora.

Una cadena que sí parece marchar es la que se desarrolla en Huaura-Sayán, al norte de Lima, en base al contrato suscrito entre la Asociación de Productores Agrarios y la empresa avícola Redondos para la siembra de 1,600 hectáreas de maíz amarillo duro y la venta a futuro de la cosecha que se obtenga. Los directivos del gremio de productores, Srs. César Galván y Edgardo Lastres informaron que de acuerdo a lo establecido en el contrato la empresa pagará el equivalente al precio del maíz importado, incluyendo sus costos de internamiento.

Para gestionar el financiamiento bancario, la Asociación de Agricultores de Huaura tuvo que adecuarse a las condiciones exigidas por el banco. El primer requisito de contar con un mercado asegurado fue cubierto con el contrato de compra-venta, pero luego se tuvo que crear una empresa de gerencia para intermediar el crédito hacia los productores, garantizando el préstamo y la gestión con la hipoteca de su local, además de las garantías de sus asociados que participan en la cadena.

Los dirigentes de la Asociación de Productores Agrarios son optimistas, pues además, en alianza con la empresa compradora incorporarán innovaciones tecnológicas para incrementar los rendimientos productivos.

 

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