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La
Revista Agraria Nº 17 - Lima-Perú, julio 2000
Coyuntura:
De vuelta a la realidad:
Un agro más chico y más pobre
El
anuncio del INEI sobre los nuevos cálculos del Producto Bruto Interno (PBI) con el año
base 1994, viene a confirmar lo que muchos ya sabían: nuestra economía es más pequeña
y no ha crecido tanto como afirmaba el gobierno. En particular, el agro resulta un tercio
menor de lo que mostraban las estadísticas oficiales. Una agricultura más chica y más
pobre es la realidad que hoy confronta el país.
El gobierno decidió esperar el término de la campaña electoral para dar a conocer
las nuevas cifras del PBI, calculadas con el año base de 1994. Empresarios, políticos,
analistas venían reclamando que se actualicen estos cálculos, pues el uso de un año
base situado dos décadas atrás (1979) ya no reflejaba en absoluto las nuevas condiciones
de la economía peruana.
La realidad que muestra el nuevo cálculo es contundente: el producto nacional es
aproximadamente 10% menor al que indicaban las anteriores cifras oficiales; y los sectores
primarios de la economía, esto es el agro, la pesca y la minería que se creía
representaban el 24.7 % de la producción nacional, sólo pesan en verdad el 13.5 %; vale
decir, se han reducido casi a la mitad. Por el contrario, los llamados sectores de
servicios (que incluyen el comercio, transporte, banca, gobierno, educación y salud
privados) pasan de un 46.6% a un 59.6%, lo que indica que son ahora casi tres quintos de
la economía nacional.
Tenemos otra economía
Las
magnitudes anteriores nos dan una idea de la inmensa brecha que llegó
a abrirse entre la realidad de la economía nacional y de sus actividades
productivas, por un lado y por otro los inflados datos oficiales con los
que el gobierno ha tomado decisiones y pretendido una situación absolutamente
irreal.
¿Cúal es la visión del país y de su economía que proyectan las nuevas cifras?
En primer lugar, no hemos crecido tanto como se decía, somos un país más pobre y
obligado a soportar mayores cargas. Por ejemplo, el producto por habitante que según el
gobierno se situaba por encima de los 2500 dólares (y que usó para negociar altos pagos
de deuda externa, pues el Perú aparecía como país de ingresos medios) si se hacen las
correcciones del caso debe situarse por debajo de los 2000 dólares.
En segundo término, junto al peso desmesurado de la deuda externa, las empresas y las
familias peruanas están pagando impuestos que representan una mayor presión tributaria,
y un mayor costo para sus disminuidos ingresos.
En tercer lugar, nuestra economía se ha convertido principalmente en un gran conglomerado
de servicios informales y de baja productividad, en desmedro de las actividades
estrictamente productivas. El achicamiento de la producción es pues uno de los grandes
"méritos" del modelo económico de los años noventa, revelado ahora por el
sinceramiento de las cifras. Paralelamente a ello, las remuneraciones, es decir los
sueldos y salarios que perciben los trabajadores tienen también un menor peso en el
conjunto de ingresos de la economía nacional.
En cuarto lugar, con las nuevas cifras el país se revela ahora como mucho más
centralizado de lo que ya aparecía. Si los servicios son ahora los tres quintos de la
economía y estas actividades se concentran en un 80 o 90% en Lima, quiere decir entonces
que más de la mitad del producto nacional se genera en la capital. En el otro extremo,
las regiones de mayor potencial y vocación agropecuaria, pesquera o minera, tienen en
realidad una importancia económica mucho menor, y no pueden pretender contrarrestar el
asfixiante centralismo capitalino.
Agro: se acabó el espejismo
Aunque los
productores del campo, sobre todo en estos últimos años aumentaron sus pérdidas,
descapitalización y endeudamiento, las estadísticas oficiales insistían en la imagen de
un agro que no cesaba de crecer. La publicación de las nuevas cifras del PBI, en parte
viene a corregir este espejismo de una agricultura próspera que bate récords de
producción y productividad en distintos cultivos. Con los nuevos cálculos, el agro ha
resultado tener un peso bastante menor en la economía nacional. Su participación se
reduce del 11% al 7.8%, es decir, es un tercio más chico de lo que el gobierno decía.
Más exactamente, se confirma ahora que la agricultura representa en el país una tajada
más pequeña de una torta (el PBI) que a su vez se ha encogido. Considerando ese efecto
adicional el agro nacional resulta ser casi un 40% más chico de lo que se creía.
Nueva estructura productiva agraria
¿Qué explica
esta reducción del PBI agropecuario? Fundamentalmente la evolución de los precios
agropecuarios muy por debajo de los precios del resto de la economía.
Es esta pérdida de los llamados términos de intercambio la principal responsable del
achicamiento del PBI del sector agrario calculado con el nuevo año base 1994. Pero
también han evolucionado de manera distinta los precios y volúmenes de los cultivos y
crianzas más importantes del sector. Ello ha significado que se modifique la estructura
productiva agropecuaria, cobrando mayor presencia cultivos como la papa y alfalfa, por
ejemplo, mientras otros como café y arroz han visto caer drásticamente su importancia
(cuadro inferior).
Hay que agregar que en la tendencia negativa de los precios agropecuarios, ha influido
significativamente la caída de las cotizaciones internacionales de los principales
productos agrícolas que importa el país (trigo, maíz amarillo, arroz, lácteos) y la
mantención del atraso en el precio del dólar, todo lo cual ha abaratado los productos
importados y empujado a la baja de precios y rentabilidad de los productos agrícolas de
origen nacional.
Las implicancias de este redimensionamiento del agro nacional son diversas. Así, el nivel
resultante del PBI agropecuario percápita peruano se encuentra muy por debajo del
promedio latinoamericano (ver cuadro superior).
Por otro lado, mientras el peso productivo de la agricultura no llega al 8% del producto
nacional, la participación del sector en la captación de la población económicamente
activa se mantiene por encima del 30%. Esto indica que la productividad promedio de la
mano de obra agropecuaria está mucho más atrasada de lo que se estimaba y a una
distancia mayor aún del resto de actividades económicas.
Finalmente debe hacerse notar que si el tamaño de la economía nacional es menor y ésta
se encuentra más centralizada, las posibilidades de impulsar al agro mediante una
recuperación de la demanda urbana concentrada en Lima y algunas otras ciudades son
bastante menores en el corto plazo. Una razón más para poner en duda las espectaculares
tasas de crecimiento agrario que en estos últimos meses y en los siguientes seguramente
continuarán brindando las autoridades del sector.
....Continúa--->
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