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La Revista Agraria Nº 12 - Lima-Perú, febrero 2000

Editorial:

En el campo las condiciones son peores

caratu12.jpg (28908 bytes)En los últimos días el país ha conocido los informes de las misiones internacionales de observación del actual proceso electoral que concluyeron que "no hay condiciones para unas elecciones justas y equitativas". ¿Cómo se vive esta situación en el medio rural?
Si el abuso de poder, falta de equidad y desinformación puede apreciarse en cualquier lugar del país, es en las zonas rurales, particularmente en aquellas más alejadas y pobres, donde las presiones del gobierno y la falta de información, atentan gravemente contra el ejercicio libre y democrático del voto por parte de los pobladores del campo.
Los estudios más recientes sobre la pobreza rural señalan que casi tres cuartas partes de los hogares rurales dependen para su sobrevivencia de las donaciones de alimentos. Ello, por ejemplo, le otorga al PRONAA, la institución gubernamental encargada de la asistencia alimentaria, un enorme poder para condicionar el voto de los ciudadanos del campo. Por otro lado, ¿cuánto de la entrega de fertilizantes, semillas y otros insumos que distribuye el gobierno a pequeños agricultores y campesinos, se viene también utilizando para hacer proselitismo electoral?
Otro problema muy serio es la desinformación política que tradicionalmente ha padecido la población rural, pero que actualmente se agudiza por la negativa de los medios de comunicación social a crear espacios para que los candidatos expongan sus propuestas, y a difundir propaganda electoral. ¿Cómo ejercer la democracia en tales condiciones?
En La Revista Agraria, en nuestro programa radial Tierra Fecunda y en algunos medios locales se hacen los mayores esfuerzos por recoger las propuestas de los distintos grupos políticos sobre el tema agrario y ponerlas al alcance de la población campesina. Somos concientes, sin embargo, que este esfuerzo es insuficiente para cubrir el enorme vacío de información que hay en el campo, y que solamente podría resolverse si el Estado, con un espíritu verdaderamente democrático, garantizase (como se hace en otros países) espacios de difusión electoral por radio y televisión, abiertos a todos los partidos, para llegar también a la población de las zonas rurales, incluso de las más alejadas.
De otro lado, la desinformación en el campo llega al extremo de que gran parte del electorado rural desconoce incluso la forma de votar, lo cual explica el enorme margen de votos viciados y nulos registrados en elecciones anteriores.
A lo anterior habría que agregar la vigencia de zonas de emergencia en muchas provincias del interior con amplia población rural. Y aunque al cierre de esta edición hemos conocido el anuncio de que el gobierno levantaría todas las zonas de emergencia, sería necesario verificar que esta disposición se cumpla en la práctica, que en los hechos se restablezca la preeminencia de las autoridades civiles y que los pobladores del campo sientan que efectivamente se reconocen sus derechos políticos, sus libertades de reunión, de opinión y se garantice su derecho al voto sin presiones de ningún tipo.

 

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