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Debate Agrario Nº 31

(Continuación del Artículo...)

 

Los atributos físicos del sistema de riego en el Chillón.

Al norte de la ciudad de Lima, a 20 kilómetros de trayectoria por la carretera Panamericana, se sitúa el valle del Chillón. Tiene una extensión o área de drenaje de 2,444 Km2. De la cual el 42%, o sea 1,039 Km2, corresponde a la cuenca húmeda, denominada así por hallarse por encima de la cota de los 2,500 msnm, límite inferior fijado al área que se estima contribuye efectivamente al escurrimiento superficial. Limita por el norte con las cuencas de Chancay-Huaral, por el sur con el valle del Rímac, por el este con el valle del Mantaro y por el oeste con el Océano Pacífico. En términos de demarcación política cubre a la provincia de Canta y a los distritos de Carabayllo, Puente Piedra, Ventanilla, y parte de Comas, Los Olivos y San Martín de Porras integrados a la provincia de Lima.

Esta cuenca debe su nombre al río Chillón, que nace en la laguna de Chonta, en las alturas de la Cordillera de La Viuda, y recorre una distancia de 126 kilómetros hasta su desembocadura en el Océano Pacífico. El río presenta un régimen de descargas irregular en extremo y torrentoso. Éstas son parcialmente reguladas por un grupo de lagunas de las partes altas, que sirven para complementar las necesidades de riego de los agricultores en las partes media y baja de la cuenca (ámbito que cubre la JU) en el período de estiaje [Las lagunas son tres: Chunchún, Leóncocha y Azulcocha embalsadas en las partes altas de la cuenca, En su conjunto las tres lagunas tienen una capacidad de 19.30 millones de m3, llenándose por lo común todos los años. El estiaje del río Chillón cubre los meses de mayo a diciembre, siendo el promedio mínimo del cauce de 1,5 m3/s. En dicho período se genera el mayor déficit de este recurso. El período de avenida va de enero a abril, meses en que el río carga agua por las lluvias y deshielos en las partes altas de la cuenca].
Adicionalmente en la zona superior y media-alta del ámbito de la Junta de Usuarios (JU) existen puquiales que contribuyen comparativamente en pequeña medida a la descarga total del río, pero que son vitales para el riego de algunas Comisiones. Las precipitaciones en la parte alta son insignificantes; en la parte media y baja inexistentes, lo que ocasiona que la agricultura sea totalmente dependiente del sistema de riego.

De los tres valles de la Gran Lima el que conserva las mayores áreas cultivadas es justamente el valle del Chillón. En la actualidad hay alrededor de 8,000 hectáreas bajo riego. Los cultivos predominantes son las hortalizas, que demandan mayor cantidad de agua que los antiguamente existentes (maíz y algodón). Este cambio en los cultivos reclama una mayor dotación de agua por parte del sistema de riego, exigiéndolo en extremo. La actividad agropecuaria resulta de suma importancia pues constituye una de las fuentes abastecedoras de productos alimenticios para la población de la megalópolis limeña.

El acuífero del Chillón viene siendo explotado con cierta intensidad, sin respetar el equilibrio entre lo que se extrae y su reposición. Consecuencia de ello es el descenso del nivel friático más de 10 metros de profundidad durante los últimos 30 años. Problema que podría agravarse aún más cuando se ponga en marcha el Proyecto de SEDAPAL, que supone una Planta de tratamiento y 28 pozos para dotar de agua a más de 700 mil pobladores del cono norte a partir del próximo año. (Diario El Comercio 10/6/99).

En suma el agua superficial constituye la fuente principal de riego en el Chillón. Cabe señalar, no obstante, que las aguas subterráneas son de primera importancia durante el período de estiaje.

La infraestructura de riego que sirve de agua a la superficie agrícola de la JU consiste en obras de represamiento de lagunas en las alturas de la cuenca, reservorios pequeños y mediados, bocatomas, tomas, canales de derivación o principales y laterales de primer y segundo orden.

El estado de la infraestructura de riego no es nada alentador: Las tomas son rústicas y frágiles, la gran mayoría de canales principales son canales en tierra sin revestimiento, presentado significativos tramos cubiertos con abundante vegetación en los taludes y con depósitos de material grueso y fino en el fondo (véase Cuadro Nº 1). Hay pérdidas por infiltraciones, debido a la ausencia de estructura de limpia y desarenadores y a la falta de un mantenimiento óptimo. La infraestructura menor es rústica, y presenta vegetación y problemas de infiltraciones por falta de mantenimiento e inversión en su mejoría. Por último, no existen medidores en todo el sistema de riego, por lo que no se puede tener claridad de dónde ni cuándo se pierde el agua [Adicionalmente, el fenómeno de "El Niño" de 1998 causó desastres en diversas tomas, bocatomas, compuertas y canales ya de por sí deficitarios y con problemas. Según la Mesa de Trabajo de ONG que operan en este valle, y de acuerdo a una evaluación rápida efectuada en marzo de 1998, los daños fueron los siguientes: 23 bocatomas perdidas y cuatro afectadas; 6,3 Km. de canales perdidos; tres compuertas perdidas y cinco afectadas].

Las características físicas de los sistemas de riego son el resultado de patrones de interacción entre los regantes. Pero a la vez, si estas características son deficientes, dificultan una buena y efectiva planificación del riego, generan problemas en la distribución, incitan a la violación de las reglas operativas y consecuentemente dificultan el funcionamiento óptimo de las organizaciones de riego. Este es el caso de El Chillón.

 

La organización de los usuarios del riego en el Chillón.

La máxima instancia en la organización de riego en este valle es la Junta de Usuarios. Como es por todos conocido las JU han adquirido progresivamente mayor importancia legal para el gobierno de los sistemas de riego en el Perú. Sucesivos reglamentos han ido traspasando funciones que antes cumplía el Estado a las JU. Así, se encargan de la operación, mantenimiento y mejoramiento de los sistemas de riego. Sin embargo, la autonomía de las JU es más bien limitada. Actualmente sigue siendo importante el peso formal de las Administraciones Técnicas de Distritos de Riego. Es el caso del Chillón.

La JU del Chillón comprende 15 Comisiones de Regantes (CsR), en las cuales –en la mayoría de los casos- existen pequeñas organizaciones de riego (comités de regantes o delegaturas) en el ámbito de sus canales principales y secundarios (véase Cuadro Nº 2). Los órganos de gobierno que dictan las disposiciones más importantes dentro de estas organizaciones lo constituyen sus respectivas asambleas generales. La Asamblea General de la JU está compuesta por 45 delegados, tres por cada CsR. Las juntas directivas de la JU y de las CsR son los órganos conductores y ejecutivos.

En la Junta Directiva (JD) de la JU así como en la de las CsR existen seis cargos formales, número excesivo que la misma práctica reduce a uno o dos activos y necesarios. Parecería que la Ley se hizo pensando en CsR y JU cuyos integrantes se cuentan por miles, el cual no es el caso de el Chillón. Se constata una formalización organizacional más artificial que real, muchos cargos pero poco funcionamiento. Así, el modelo organizativo de la JU está de alguna manera "desajustado".

El hecho más importante de la composición organizativa de la JU en el Chillón es que el mayor peso numérico de delegados de las CsR de la parte media-baja y baja (véase Cuadro Nº 2), determina que sea este grupo el que en la práctica gobierne la Asamblea General de la JU. Además, tanto en la JD saliente de la JU como en la recientemente elegida [Después de cuatro años en el poder la JD de la JU fue renovada. Las elecciones se produjeron en abril de este año], la mayoría de cargos los detentan los representantes de la parte media-baja y baja de las CsR; dicho sea de paso, los cargos estratégicos son ocupados únicamente por este grupo de representantes.

La preponderancia de las CsR de la parte media-baja y baja en la Asamblea General y en la JD es de crucial importancia para el funcionamiento del sistema de riego en su conjunto. Gran parte de los méritos de la gestión de la JU, pero también de sus dificultades, encuentran su explicación en este hecho fundamental.

Otro aspecto importante del funcionamiento real de la JD de la JU es que a pesar de los esfuerzos realizados por ésta para llegar al usuario, éstos en gran medida no han dado los resultado esperados. Muchos usuarios desconocen quiénes conforman la JD de la JU, e incluso hay quienes no saben qué cosa es exactamente la Junta y la confunden con el Ministerio de Agricultura. Este hecho dificulta el buen funcionamiento del sistema al no haber mecanismos de identidad colectiva, sentido de pertenencia, confianza y legitimidad en la dirección del sistema.

La JU tiene por ley la potestad de contratar un Gerente Técnico. El mismo tiene por función la ejecución de todas las acciones de operación y mantenimiento del sistema de riego mayor, así como encargarse del cobro de la tarifa de agua y de su administración contable. En el Chillón la Gerencia Técnica ha sido muy irregular en su funcionamiento. Lo que ha primado es la poca continuidad de la labor de los gerentes en el cargo (uno por año). Esto impide acumular conocimientos, experiencias y dar estabilidad a los planes de trabajo de la Junta, sobre todo si se quiere actuar con visión de mediano y largo plazo.

Los sectoristas –actores importantes del sistema-, personal de campo empleado bajo la responsabilidad del gerente técnico, tienen por funciones la operación y monitoreo efectivos del sistema de riego. En la JU del Chillón son sólo tres. Es decir la proporción es de un sectorista por cada 933 usuarios de riego, y para el control de 2,666 hectáreas y 56 kilómetros de canales principales promedio. Evidentemente se trata de una proporción desmesurada para efectuar un trabajo eficiente y directo. La razón de esta poca cantidad de sectoristas, según la dirigencia de la JU, es la limitación de los recursos económicos.

La situación organizativa de las 15 CsR es precaria. En la práctica la mayoría no cuenta con toda su JD en funciones y está desprovista de estatutos y por lo tanto las funciones de sus directivos y los derechos y obligaciones de sus usuarios no están claras. Además las CsR operan sin planes ni programas de trabajo, actúan de manera inmediatista, y no tienen ninguna participación en el cobro de la tarifa de agua.

El nivel de asistencia a las asambleas y de participación de los usuarios en las CsR resulta muy irregular siendo en general deficiente. Por otro lado, muchas veces los presidentes de las mismas tienen tal desvinculación de sus bases que no conocen a sus usuarios y éstos tampoco a aquellos. Este último hecho se explica sólo en parte por las dificultades de movilización y la gran extensión de tierras en algunas comisiones.

En todo el ámbito de la Junta existe un número indeterminado de delegados de canal. A pesar de no llevar un registro de los mismos la JU reconoce la importancia de éstos para la coordinación de las tareas de operación del sistema, la comunicación con las bases y en general el mejor funcionamiento de la organización. Así, los delegados constituyen el nexo real entre los usuarios de base y los presidentes de las CsR. También los sectoristas se apoyan en ellos para el reparto de las directivas de la JU que deben llegar a los usuarios.

Por último, para terminar con la estructura organizativa de la JU no podemos dejar de lado al usuario. Éstos son los actores individuales del sistema de riego. Son aproximadamente 2800, aunque ésta no es una cifra exacta pues hay una diferencia, aunque pequeña, entre los usuarios formales, inscritos en el Padrón de Regantes, y los realmente existentes en el ámbito de la Junta.

Los usuarios del Chillón se caracterizan por ser pequeños propietarios con menos de 10 hectáreas. Su producción, predominantemente de pan llevar, se destina al mercado limeño. La mayoría son varones de edad promedio de 50 años. Presentan un limitado nivel de escolaridad, lo que dificulta su accionar en la organización del riego. La gran mayoría también son propietarios de la tierra, aunque hay quienes la arriendan y quienes simplemente son trabajadores permanentes encargados de la conducción de la misma.

 

La Administración Técnica del Distrito de Riego en el Chillón

No podemos terminar este acápite sin señalar que el Estado mantiene su presencia en el campo mediante la ATDR. Actualmente existe una sub-administración encargada exclusivamente de El Chillón. Sin embargo, ésta sólo cuenta con un ingeniero a cargo para todo el valle y evidentemente no puede cumplir con las obligaciones de monitoreo y penalización que la ley le demanda.

Las relaciones entre la ATDR y la JU son tensas pero diplomáticas. Las recientes elecciones habidas en la JU se han debido a una evaluación de la Administración que descalificaba el funcionamiento de 11 de las 15 CsR. La JU ha aceptado dicha evaluación. Lo que no acepta la JU es el pobre desempeño del organismo del Estado en su papel en la sanción y ejecución de penalizaciones para los infractores en el sistema de riego. Como veremos a continuación, gran parte de los problemas del sistema de riego se deben a un deficiente grado de penalización de las faltas cometidas por los regantes.

 


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